Alberto
Peyrano
Vuelo
hasta el
cielo
imaginario
que me
proyecta
tu palabra
en fuego
vital,
inquieto,
audaz,
ardiente,
que me
hace saber
que aún
sigo vivo.
No es mi
cuerpo el
que elevo
en este
viaje a lo
alto
sino el
ansia
inconstante
de mi
causa
loca:
encontrar
el rincón
donde los
sueños
puedan ser
realidades
en un
mundo
sordo
que olvidó
la canción
de mi rincón
temprano
y el
rumoroso
caudal de
la cascada
maga.
Llevo en
mano tu
rosa, la
única que
tiene
en sus pétalos,
goteando,
la verdad
desnuda,
aquélla
que
resuena en
mi rincón
perdido:
tu palabra
nutriendo
el corazón.
Viajo
raudo...
el cielo
tan amado,
imaginario,
espera
para
quitarme
de mi
mente el
bloque
que alguna
vez, en
noche muy
lejana,
distorsionó
mi acento
y mi canción
pagana.
Oigo ya
los sones
de tu lira
y tu
orquesta
de voces
ancestrales
portados
en la
estrofa
limpia
de malezas
racionales
vanas.
Como un
eco, en
vibración
grandiosa,
respondo
con
guitarras
a tu canto
que me
llama...
que me
llama...
Alberto
Peyrano